La gestión del riesgo se ha vuelto una cuestión primordial y básica en cualquier empresa o institución. Pero más aún en la banca, que debe responder continuamente a exigencias del mercado y sobre todo regulatorias. Más aún, según Mckinsey las entidades bancarias deben prepararse para “cambios aún más radicales en la próxima década” en la gestión de riesgos.  La consultora americana establece los seis grandes drivers que componen esta tendencia y estos nuevos cambios:

La regulación seguirá ampliándose y profundizándose

El futuro sin duda depara más regulación, tanto financiera como no financiera, incluso para los bancos que operan en economías emergentes debido, por una parte al sentimiento general cada vez menos tolerante con las quiebras bancarias y el uso de dinero público para salvarlas y de ahí que la mayor parte del marco regulatorio prudencial se haya diseñado para evitar que se repita la crisis financiera de 2008.

Además, los gobiernos presionan en otros campos como la represión de las transacciones financieras ilegales y poco éticas mediante la detección de signos de lavado de dinero, incumplimiento de sanciones, fraude y financiamiento del terrorismo, y para facilitar la recaudación de impuestos.

La presión regulatoria se extiende tambien al comportamiento de los bancos hacia sus clientes, las condiciones de los contratos, el marketing, las marcas y las prácticas de venta y es probable que se endurezcan las normas para proteger a los consumidores.

Todo ello hará cada vez más necesario no solo garantizar el cumplimiento de las reglas existentes, sino también revisar todo el enfoque de ventas y servicios a través de una lente amplia basada en principios.

Las expectativas de los clientes están aumentando en línea con la tecnología cambiante

Los clientes quieren beneficiarse de la innovación tecnológica. Por eso las aplicaciones sencillas y fluidas  que ofrecen las fintech están atrayendo un gran número de clientes, lo que obligará a los bancos a mejorar las suyas haciéndolas más sencillas e intuitivas, a automatizar y dar rapidez las respuestas a las solicitudes crediticias minoristas y corporativas, o cualquier otra operación, mantiene Mckinsey.

Big data y el análisis de datos entra en la gestión de riesgos

Las innovaciones tecnológicas surgen continuamente, lo que permite nuevas técnicas de gestión de riesgos y ayuda a la función de riesgos a tomar mejores decisiones de riesgo a un costo menor. Big data, aprendizaje automático y crowdsourcing ilustran el impacto potencial.

Muchas de estas innovaciones tecnológicas pueden reducir los costes de la gestión del riesgo, y otorgarán una ventaja competitiva a los bancos que las apliquen de manera temprana y audaz. Sin embargo, también pueden exponer a las instituciones a riesgos inesperados, lo que plantea más desafíos para la función de riesgo. La privacidad y protección de datos también son preocupaciones importantes que deben abordarse con el debido rigor.

Surgirán nuevos riesgos

Los responsables de la gestión de riesgos tendrán que detectar y gestionar riesgos nuevos y desconocidos durante la próxima década, especialmente el riesgo de ciberseguridad y el riesgo de contagio. La seguridad cibernética aumentará en importancia y requerirá recursos cada vez mayores. A medida que los bancos almacenan una cantidad cada vez mayor de datos sobre sus clientes, es probable que aumente aún más la exposición a los ataques cibernéticos.

Continuará la presión para ahorrar costes

Aunque la elevación de los tipos de interés puede frenar la caída de los márgenes que ha vivido el sistema bancario en los últimos años, las fuertes inversiones que la banca requerirá y la competencia de fintechs y nonbank banks seguirán siendo un lastre para la rentabilidad, obligando a las entidades bancarias a seguir reduciendo sus costes operativos, a lo que deberá contribuir la gestión de los riesgos mediante la automatización total de decisiones y procesos con intervenciones manuales mínimas; nuevos y avanzados. modelos analíticos, mayor colaboración y nuevas funciones hacia los clientes, reforzamiento de los valores y principios corporativos, con una sólida cultura de protección del riesgo claramente definida, comunicada a todo el banco, de acuerdo con las opiniones de la consultora americana.