Las entidades financieras son el principal blanco de los ciberataques, tanto de los que tienen que ver con las ciberguerras como los procedentes de redes de ciberdelincuencia. El objetivo de los malhechores es obtener rédito económico, y el camino más corto pasa por atacar a los bancos o a sus clientes. Y lo hacen con todo el arsenal tecnológico posible. La guerra de Ucrania ha potenciado esta cuestión.

Los datos son elocuentes: a escala global, el cibercrimen le ha costado aproximadamente cinco billones de euros al mundo en 2021, casi cuatro veces el Producto Interior Bruto (PIB) de España, según estimaciones de la publicación especializada en ciberseguridad ‘Cybersecurity Ventures’. El FMI pone el acento en que es una tendencia al alza. Si en 2012 se produjeron 400 ciberataques, en 2020 la cifra creció hasta los 1.500 incidentes, según recoge un artículo del Blog de Ethifinace Axesor Ratings

Antes de la pandemia del coronavirus cada ciberataque tenía un coste de 1,6 millones para el banco que lo sufría, según la firma de ciberseguridad Kaspersky Lab. Si atendemos a lo que dice el Fondo Monetario Internacional (FMI), este tipo de incidentes supone el 9% de los beneficios de la banca, añade el artículo.

Estos datos apenas aparecen ante el público dado el daño reputacional de este tipo de episodios, aunque las entidades ciberatacadas sí están obligadas a informar de ello a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD).

La pandemia disparó la presencia en Internet de los ciudadanos, continúa el artículo citado. ESET, corporación dedicada a ofrecer servicios de ciberseguridad, señala a España como uno de los países en los que más se han incrementado este tipo de incidentes.

IDC Research España asegura que la banca de la zona de Europa Occidental destinará a finales de este año un total de 12.000 millones de euros -cifra acumulada en el último trienio- en ciberseguridad.