Bonos verdes y “carbón limpio”

Juan Carlos Villanueva
Juan Carlos Villanueva

Los Bonos Verdes vienen siendo en los últimos años una especie de paradigma de la financiación sostenible. Su expansión en los mercados financieros y en los medios especializados han contribuido en gran manera a aumentar el grado de concienciación que se ha producido en la sociedad y en la opinión pública sobre la necesidad de frenar el calentamiento global y el cambio climático y de canalizar hacia este fin los recursos financieros que lo hagan posible.

En la última década su crecimiento ha sido espectacular en términos globales y en España se ha multiplicado por 18 veces su volumen entre 2014, cuando Iberdrola registró la primera emisión de bonos verdes en nuestro país, y 2019, año en que incluso llegaron por primera vez a las pymes con el primero de este tipo de bonos, según el Informe Anual OFISO de la Financiación Sostenible en España en 2019.

Tras el coronavirus ¿continuará esta expansión?

La crisis del coronavirus ha abierto el debate acerca de la continuidad o no de esta expansión de la financiación sostenible en la medida que su destructivo impacto en la sociedad y las economías pueda poner otras prioridades por delante de la lucha contra el cambio climático y el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas.

El debate parece inclinarse a favor de la financiación sostenible como contribución a la recuperación de las economías

El debate parece estar cayendo del lado de los más optimistas, de quienes creen que los esfuerzos de los últimos años en este terreno no sólo deben continuar sino que este segmento de las finanzas puede contribuir y ser decisivo en la recuperación de las economías, haciendo posible al mismo tiempo un cambio de modelo hacia una sociedad, una empresa y un sector financiero más solidario, más justo y más humano, facilitando una mayor calidad de vida a los ciudadanos sin perder su capacidad para facilitar los bienes y servicios que hasta ahora recibían.

El nuevo entorno económico y financiero tras el coronavirus puede, sin embargo, abrir nuevas derivadas en la financiación sostenible, en particular, respecto al uso de los recursos financieros obtenidos mediante formulas de financiación sostenible, especialmente los bonos verdes.

Use of proceeds

El uso de los recursos –“use of proceeds” en terminología anglosajona- constituye uno de los pilares de la calificación de un bono como “verde”. Los Green Bond Principles (GBP), auténtica `Biblia´ de la calificación de este tipo de bonos, elaborados por ICMA, establecen una serie de criterios para su certificación como tales, que en su casi totalidad apuntan a este criterio.

Abrir una “excepcionalidad” en el uso de los recursos para acoger proyectos relacionados con “carbón limpio” o “combustibles fósiles limpios”

Los recursos obtenidos mediante una emisión de bonos verdes deben ser destinados a actividades y proyectos que tienen incontestablemente como fin la eliminación del carbono, de ahí que resulte determinante la consolidación de una taxonomía, una especie de “diccionario” de los proyectos calificables como verdes, algo en lo que la Unión Europea está siendo pionera.

Lo que ahora se plantea es si cabe abrir una cierta “excepcionalidad” en este criterio del uso de los recursos para acoger proyectos relacionados con lo que algunos han denominado “carbón limpio” o “combustibles fósiles limpios”, que estarían relacionados con emisores.considerados marrones, es decir, intensivos en la generación de carbono pero que con estos recursos quieren desarrollar iniciativas o proyectos para reducir sus emisiones de CO2, los denominados “transition bonds”, o los instrumentos de renta fija que se vinculan a los resultados de los proyectos en relación con los ODS o la lucha contra el cambio climático.

China entre quienes buscan la ampliación

El debate está servido y aunque por ahora han sido escasas las iniciativas de este tipo,  algunos ya otorgan un espacio propio a estos instrumentos financieros o bonos: el “olive space”;  y podría acentuarse en los próximos meses debido al interés que algunos países, en particular China, han mostrado por extenderlo -aunque ahora intentan dar marcha atrás- y ampliar así el abanico de proyectos que podrían aspirar a este tipo de financiación y atraer hacia ellos un mayor número de inversores.

Juan Carlos Villanueva es Editor de Guía de la Financiación Empresarial