Una certera descripción de las cualidades del buen supervisor en cualquier órgano de supervisión. Aunque quizá también pudiera aplicarse -con algunos matices y salvedades- a los directivos, dirigentes de organizaciones …. (Nota de la Redacción)
Alberto Calles – Leído en el Blog “Mercados Financieros” de FIDE
Es cierto que en los últimos tiempos entre tantos problemas en las entidades supervisadas, entre la constitución de nuevos organismos supervisores europeos, entre la confluencia en los propios organismos de personas de distintos países, idiomas, perfiles técnicos y, sobre todo, con diferente modelo de supervisión de origen, entre la crisis de poder de los supervisores locales ante la preponderancia de las estructuras europeos, entre la pérdida de reputación de las entidades supervisadas, y entre el escrutinio público que está teniendo los organismos supervisores, tenemos también una necesidad de supervisores completos que ayuden a poner cordura a esta situación. Necesitamos Antonios Morenos.
Quiero aquí mostrar lo que en mi entender es el decálogo del buen supervisor a nivel persona individual.
- Claridad en la misión y objetivo- Tener absolutamente claro su rol.
- Independencia como principio máximo de actuación.
- Alta capacidad técnica y de visión global del entorno supervisado.
- Firmeza y coherencia- Tener criterio, saber formarlo y cuando cambiarlo.
- Capacidad de escucha y de captura de información.
- Reflexivo evitando “mantras” y prejuicios.
- Dosis de realismo y preocupación por la problemática del supervisado (empatía y entendimiento).
- Integridad personal y humildad. Sin protagonismos por ser autoridad. Mejor convencer que vencer.
- Compromiso por el servicio público.
- Discernir lo importante de lo accesorio y los objetivos supervisores de corto de los de largo plazo.













