La titulización quiere romper su maleficio

La titulización de activos pasó, por efecto de la crisis financiera, de ser un instrumento de gran eficacia para generar recursos y financiación a sufrir una severa demonización al situar las denominadas “hipotecas subprime” como origen de la propia crisis.

El uso de los Bonos de Titulización, especialmente hipotecaria, descendió así de forma abrupta a lo largo de la crisis reciente. Si en diciembre del año 2000, el saldo de los Bonos de Titulización en el mercado de renta fija español AIAF era de 15.437 millones de euros llegó a ascender hasta los 212.871 millones de euros que existían a final de 2007. Incluso llegó a su punto más alto en 2009 con 291.425 millones, para descender paulatinamente hasta marzo de 2017 que se sitúa en 168.826 millones de euros

El descenso es aún más acusado si atendemos a las nuevas emisiones de Bonos de Titulización realizadas cada uno de los últimos años. De 101.616 millones de euros en 2008 hemos pasado a 35.504 millones en 2016, con algunos altibajos durante los pasados años. La tendencia ha sido similar en el conjunto de Europa.

Repunte en 2017

Sin embargo, en el ámbito mundial, y también en Europa, se asiste este año a un repunte en la emisión de activos de esta naturaleza, que suponen la paquetización de un conjunto de derechos de cobro o flujos regulares de ingresos futuros para emitir los denominados bonos de titulización que llevan como garantía ese conjunto de derechos de cobro futuro. Las nuevas emisiones de Bonos de Titulización en el conjunto de Europa han superado los 237.000 millones de euros, con un crecimiento de casi el 10% respecto al año anterior, según los datos de la Association for Financial Markets in Europe (AFME).

La fórmula se utiliza en una amplia variedad de actividades que generan flujos regulares de cobro: medios de pagos y tarjetas de crédito, entradas de espectáculos o clubes de futbol, los créditos al consumo ó los alquileres de viviendas y otros activos.

Asistimos al inicio de la “rehabilitación” de la Titulización

La actividad inmobiliaria e hipotecaria se lleva la palma en este campo y los datos revelan ya una revitalización, si bien aún incipiente. Estamos ante los inicios de la restitución de la imagen de esta fórmula para que pueda producirse de nuevo un crecimiento importante. Por ahora hay dos importantes iniciativas que avalan la “rehabilitación” de esta herramienta de financiación, tan demonizada en estos últimos años.

La primera, en el ámbito doméstico, es la Ley de Fomento de la Financiación Empresarial, de abril de 2015, que dedica a este ámbito su Título III refundiendo las normas sobre titulización y adaptándolas a los restantes países europeos de nuestro entorno. Para ello unifica los Fondos de Titulización, que hasta su promulgación se encontraban diferenciados entre los Fondos de Titulización Hipotecaria (FTH) y los denominados Fondos de Titulización de Activos (FTA).

La segunda iniciativa para reanimar este segmento de los mercados de capitales tiene carácter europeo, en el marco de la CMU y es el Reglamento del Parlamento europeo y del consejo por el que se establecen normas comunes sobre la titulización y se crea un marco europeo para la titulización, simple, transparente y normalizado.

Pilar básico de la CMU

La exposición de motivos de este reglamento resulta reveladora acerca de la valoración que las autoridades europeas hacen acerca de las posibilidades futuras de la titulización en Europa como “uno de los pilares básicos de la Unión de Mercados de Capitales (CMU por sus siglas en inglés) y contribuye al objetivo prioritario de la Comisión de apoyar la creación de puestos de trabajo y volver a un crecimiento sostenible. Un marco de alta calidad para la titulización en la UE puede promover la integración de los mercados financieros de la UE, ayudar a diversificar las fuentes de financiación y desbloquear el capital, haciendo que sea más fácil para las entidades de crédito y los prestamistas conceder préstamos a los hogares y las empresas”.