Incertidumbres y riesgos para 2022

Incertidumbres y riesgos para 2022
Incertidumbres y riesgos para 2022

Las incertidumbres y la aceleración de los cambios influyen cada vez más en el sector financiero y también en las políticas económicas de gobiernos e instituciones. Su gestión se ha convertido en uno de los factores principales de éxito o fracaso. Por eso es de vital importancia conocer cuáles son las incertidumbres que en este momento se atisban de cara al año 2022.

Los principales factores de incertidumbre y riesgo para 2021 eran las elecciones en Estados Unidos, el Brexit y sus consecuencias, el desarrollo de las vacunas, y la duración y las medidas qué los gobiernos y bancos centrales pondrían en marcha para neutralizar el impacto negativo de la pandemia.

Cuáles son las nuevas incertidumbres que 2022 traerá consigo

¿Y para 2022? En primer lugar es necesario valorar si las incertidumbres que hasta ahora existían se están atenuando o por el contrario se han potenciado, y cuáles son las nuevas incertidumbres que 2022 traerá consigo.

Si bien algunas de las incertidumbres del año que está concluyendo parecen haber desaparecido o atenuado -las elecciones presidenciales de Estados Unidos han llevado a Joe Biden a la Casa Blanca, el Brexit se ha consumado)- es necesario advertir que, mirando hacia el año próximo, las incógnitas pueden ser aún mayores en la medida que el combate contra el COVID-19 no sólo está sin concluir sino que se adivinan amenazas como la sexta oleada que puede crecer en los próximos meses y en el comienzo del año 2022 echando por tierra buena parte de la recuperación y el crecimiento de la actividad económica.

Inflación y sus derivadas

A ello se suma el que es ahora uno de los factores de mayor importancia para el sector financiero y las economías y el crecimiento mundial: el proceso inflacionista generalizado en la mayoría de las economías, y cuáles serán las derivadas de este proceso qué, según el consenso inicial de numerosos analistas y think tanks iba a ser una tendencia transitoria aunque los más lúcidos ya temen una mayor durabilidad de lo que inicialmente se preveía.

A ello se añaden las dificultades que están planteando los desajustes entre oferta y demanda y en particular la dificultad para que los suministros y los transportes hagan llegar todos los componentes necesarios para la producción de toda clase de bienes y mercancías.

Es conocido cómo esta última cuestión está impactando en los diferentes sectores, en algunos de ellos de una manera muy notable, llegando a producir cortes en la actividad y reducciones de empleo transitorias o más definitivas.

Los bancos centrales están ante una disyuntiva endemoniada

Nuevas oleadas del COVID19, inflación y problemas logísticos y de suministro son sólo tres de los jinetes apocalípticos que se anuncian para 2022. El cuarto podría ser la actitud de los bancos centrales principales que tienen ante sí una disyuntiva endemoniada: endurecer su política monetaria para contener la inflación o mantener su situación actual para no poner en riesgo la recuperación económica.

Qué va a pasar con las ayudas y la financiación pública

Y, al final de la ecuación, que va a pasar con las ayudas y la financiación pública que están aportando los gobiernos, concretamente el español, para mantener la actividad y el empleo o, al menos, dotarle de una red temporal; o con los fondos europeos. ¿Sería posible alargar esta labor protectora indefinidamente si la recuperación se trunca y se retrae de nuevo en alguna medida la actividad económica en algún momento de 2022?