A modo de presentación

Juan Carlos Villanueva
Juan Carlos Villanueva

Juan Carlos Villanueva

“Es que en esta empresa las cosas nunca se han hecho así”. Es una repuesta que se escucha aún en demasiadas ocasiones por parte de los consejos de administración y la alta dirección de muchas empresas medianas y pequeñas -e incluso grandes- como justificación para frenar cualquier iniciativa que busque diversificar las fuentes de financiación.

Es hora de cambiar y está cambiando.

Los CFO y los responsables de finanzas están cambiando los hábitos de financiación de la empresa con un enfoque más variado, orientado a mejorar los resultados y, cada vez más, a mejorar los planteamientos estratégicos y la expansión del negocio.

El CFO ha ampliado sus funciones y su autoridad en la empresa

Afortunadamente, ya no quedan apenas restos del Director Administrativo – Financiero cuya principal ocupación para financiarse era estar en contacto con el director de la oficina bancaria con la que trabajaba.

El Director Financiero, el CFO, en línea con las tendencias en todos los países de nuestro entorno ha ampliado sus funciones y su autoridad en la empresa, alcanzando cuestiones más generales y estratégicas y asumiendo crecientes responsabilidades sobre la gran mayoría de las áreas de negocio. Así, se ha convertido en el asesor principal del Director General y el CEO, e incluso de los consejos de administración, en relación con las constantes vitales de la empresa.

La búsqueda de fuentes de financiación complementarias del crédito responde a esa nueva orientación. Las empresas deben avanzar en orientar su financiación en función de la estrategia y los diferentes objetivos sin limitarse a entender esta función como una herramienta para captar fondos sin más. Las compañías líderes adecúan sus canales o fórmulas de financiación al destino de estos fondos y el mejor modo de cumplir con los objetivos generales de la empresa: la adquisición de otra empresa, la entrada en un nuevo negocio o nicho, en otros países o mercados, la adquisición de activos o licencias, la financiación de proyectos, en solitario o mediante alianzas, acometer proyectos de gran dimensión o cualquier otra finalidad.

Es necesario saber para qué son los recursos y en qué medida sirve cada uno de ellos para fortalecer las compañías, para hacer posible su crecimiento y su expansión y para dar estabilidad y autonomía a sus planes financieros.

Resulta ocioso decir que los recursos propios son imprescindibles para echar a andar un proyecto. Y en muchas otras ocasiones. Una compañía en la que sus socios no quisieran invertir sería poco creíble y confiable.

Pero también los recursos ajenos son necesarios. El crédito ha ocupado un lugar principal en este ámbito, pero están surgiendo otras fuentes alternativas entre las que la opción de los mercados de valores, a través de la renta variable o la deuda, está ganando terreno entre las empresas españolas.

Las enseñanzas de la crisis

Si miramos hacia atrás, comprobamos que la reciente crisis financiera ha tenido unas consecuencias negativas de gran calado que se han sentido con gran virulencia en el terreno de la financiación empresarial.

Entre ellas, y debido a la extremada dependencia del crédito bancario, muchas empresas han sufrido un estrangulamiento financiero cuando se ha producido la ausencia de suministro de crédito -el conocido fenómeno del “credit crunch-. En muchos casos, especialmente, en los de medianas y pequeñas empresas, este déficit de financiación bancaria ha congelado sus previsiones de expansión, cuando no las ha condenado a la defunción.

Avanzar en esta diversificación resulta básico para la expansión y supervivencia de muchas empresas en futuras recesiones. Resultan mucho más eficientes los esfuerzos previos para el mantenimiento y la supervivencia de las empresas en períodos de crisis y dificultad de financiación que recuperarlas y recrearlas tras su desaparición.

Las autoridades españolas y europeas se han remangado colaborando con nuevas medidas y disposiciones

Pero, seamos optimistas. Las dificultades vividas no sólo en España sino en la mayoría de las economías mundiales han traído consigo algunas consecuencias positivas. Entre las principales, ha hecho que las autoridades españolas y europeas se hayan remangado para colaborar con nuevas medidas y nuevas disposiciones, se han embarcado en una especie de cruzada -no siempre del todo eficaz- para romper esta dependencia de las empresas respecto a la banca, con el fín de ampliar las fuentes de financiación, no sólo de las grandes sino también de las medianas y pequeñas empresas.

De esta forma, están surgiendo nuevas vías de financiación o se están potenciando otras ya existentes: capital riesgo, “business angels”, incubadoras de negocios, empresas fintech, o las más tradicionales del renting, leasing o factoring, que se reactivan; iniciativas de “shadow banking”, “direct lending” de distintos tipos de inversores, crowdfunding, sociedades de segundo aval y fórmulas de lo más variado.

A ello se suman otros recursos para la financiación empresarial como la conjunción y el empaquetamiento de préstamos, de facturas o ingresos recurrentes, de cara a su titulización y emisión de bonos con cargo a esos activos para obtener fondos actuales, los Bonos de Proyecto o “Project finance”, u otros.

Están surgiendo nuevas vías de financiación y se potencian otras existentes

Toca, por tanto, mirar hacia delante. Si queremos que la empresa española dé el salto definitivo debe enfrentarse a importantes retos en el terreno de su financiación, entre ellos, un enfoque más riguroso y analítico del negocio, de su estructura y sus verdaderas necesidades y objetivos, que facilite la elección de las fuentes de recursos en función de todos estos factores; debe enfocarse hacia un análisis de riesgos y oportunidades más preciso y moderno; debe perder el miedo a la transparencia y los compromisos de sostenibilidad.

Junto a ello, debe ganar tamaño, como forma de optimizar los recursos obtenidos, expansionarse y fortalecerse ante la posibilidad de nuevos “shocks” sobrevenidos. Estamos ante un período de bonanza económica, pero hay que sentar las bases para que las empresas dispongan de una dimensión y una estructura financiera adecuada, de canales de financiación sólidos y diversificados, especialmente las más pequeñas o recientes, y que la próxima crisis no destruya y se lleve por delante numerosas empresas.

Ello supone cambios de actitud, culturales, de procedimientos, un análisis más profesional y unas iniciativas más decididas. Nuestro país dispone hoy de una amplia y completa malla de infraestructuras de financiación que permiten la diversificación, así como de una nómina de profesionales de la industria financiera totalmente cualificados para asumir cualquier clase de reto.

Desde GFE queremos contribuir y ser de utilidad para estos fines.

Un saludo en mi nombre y el de todo el equipo

Juan Carlos Villanueva es Editor de la Guía de la FINANCIACIÓN EMPRESARIAL