Un buen número de banqueros centrales y responsables monetarios han reiterado públicamente su apoyo a la FED y a Powell, subrayando tres ideas clave: primero, que la lucha contra la inflación exige decisiones técnicas, no políticas; segundo, que la independencia de la FED es esencial para la estabilidad financiera global; y tercero, que preservar la credibilidad institucional hoy evita crisis mayores mañana.
Desde Europa hasta economías emergentes, el mensaje es el mismo: debilitar la independencia de la FED sería un precedente peligroso, no solo para Estados Unidos sino para todo el sistema monetario internacional.
Debilitar la FED, un precedente peligroso
La independencia de los bancos centrales respecto de los gobiernos es uno de los pilares fundamentales de la estabilidad macroeconómica moderna. Su razón principal es evitar que la política monetaria quede subordinada a los ciclos políticos de corto plazo.
Los gobiernos, por incentivos electorales, tienden a favorecer políticas expansivas antes de elecciones —tipos bajos o monetización del déficit— que pueden generar inflación persistente, desequilibrios financieros y pérdida de credibilidad. Un banco central independiente actúa como ancla institucional frente a esas presiones.
Los países con bancos centrales más independientes tienden a registrar inflaciones más bajas y estables sin sacrificar crecimiento a largo plazo
La evidencia histórica muestra que los países con bancos centrales más independientes tienden a registrar inflaciones más bajas y estables sin sacrificar crecimiento a largo plazo. La independencia permite que las decisiones de tipos de interés, balance y liquidez se basen en análisis técnicos, datos y proyecciones, no en necesidades fiscales inmediatas. Esto es especialmente crítico en contextos de shocks inflacionistas, donde la reacción impopular —endurecer la política monetaria— es necesaria para preservar el poder adquisitivo y la estabilidad del sistema.
Refuerza la credibilidad
Además, la independencia refuerza la credibilidad y las expectativas. En política monetaria, lo que los agentes creen que hará el banco central es casi tan importante como lo que hace. Si hogares, empresas y mercados confían en que la autoridad monetaria actuará para cumplir su mandato —por ejemplo, estabilidad de precios—, las expectativas de inflación se mantienen ancladas y el coste económico del ajuste es menor. Esa credibilidad solo es sostenible si el banco central no puede ser fácilmente influido o removido por decisiones políticas.
La FED emite la moneda de reserva mundial y sus decisiones afectan no solo a Estados Unidos, sino al sistema financiero global
Estas razones son particularmente relevantes para la Reserva Federal (FED). La FED emite la moneda de reserva mundial y sus decisiones afectan no solo a Estados Unidos, sino al sistema financiero global. Si la FED perdiera independencia, el riesgo no sería solo mayor inflación doméstica, sino volatilidad global, desorden en los flujos de capital y erosión del papel internacional del dólar. Por eso, su autonomía frente al poder ejecutivo y legislativo es un bien público global, no solo nacional.
En el caso concreto de Jerome Powell, la defensa de la independencia de la FED se ha vuelto también una defensa de la institución frente a la personalización del debate. La independencia no implica ausencia de rendición de cuentas, sino separación clara entre objetivos políticos y herramientas monetarias. Atacar al presidente de la FED por decisiones impopulares equivale a cuestionar el propio marco institucional que ha permitido a EE. UU. gestionar crisis como la de 2008 o la pandemia sin caer en episodios de inflación descontrolada a largo plazo.











