Nueva financiación para una nueva economía tras el coronavirus

Juan Carlos Villanueva
Juan Carlos Villanueva

Este período de encierro y confinamiento es buen momento para pensar con lucidez en el futuro que nos espera y que espera a nuestros hijos y nietos. Y casi todos llegaremos a la conclusión de que son necesarios nuevos esquemas de desarrollo económico y de financiación para eliminar el mayor número de nubarrones del horizonte, especialmente aquellos que son más temibles y destructivos. No podemos dejar pasar la oportunidad de una nueva economía y unas finanzas con menores riesgos para el futuro. Nuestros hijos y nietos no nos lo perdonarán.

Es preciso actualizar los criterios para la inversión, basándonos en la sostenibilidad y la capacidad de ir hacia una sociedad más resiliente con respecto a las incertidumbres y amenazas futuras, con más músculo para crear las infraestructuras necesarias para garantizar la salud y la vida, luchar contra el camio climático y alcanzar objetivos como los ODS, eliminar la pobreza y las enormes brechas que existen en todos los órdenes entre ciudadanos y grupos sociales.

Tras la prioridad actual número uno, combatir el COVID-19, nos acechan nuevas amenazas, en particular el cambio climático

Es imprescindible canalizar más recursos financieros para atender a todo ello y, sobre todo, priorizar la financiación de los proyectos y las necesidades más urgentes, sabiendo que tras la prioridad actual número uno, combatir el COVID-19, nos acechan nuevas amenazas, en particular el cambio climático, como expresaba The Economist hace muy poco de forma magistral en una viñeta que reproduzco.

Kal´s cartoon, The Economist

Estos serán, a mi juicio los campos en los que deberá ponerse el acento para avanzar hacia estos objetivos y reconstruir una sociedad más habitable, con menos incertidumbres y más garantías de futuro. Prevenir es la mejor estrategia y tiene un coste infinitamente inferior a la inacción.

Salud y sanidad: el coronavirus ha cogido desprevenida a la sociedad y a los gobiernos de todo el mundo. No sera la última pandemia que sufra la humanidad pero la próxima no debe cogernos de nuevo sin recursos. Nunca se podrán hacer desaparecer todos los riesgos pero sí tener sistemas de alerta temprana, de monitorización de las personas que sufran las enfermedades y equipos e infraestructuras suficientes para hacer frente y dar respuesta a un contagio o daño masivo con el menor número de victimas. Todos los recursos necesarios deben ser empleados para prepararnos y evitar las muertes y el sufrimiento al que ha llevado en los momentos actuales la falta de prevención y de preparación frente al COVID 19.

Energías renovables. Se acaban los argumentos para frenar su desarrollo y mantener el actual statu quo y el mix de generación de energía en el que las renovables aún son minoritarias. Hasta hace poco tiempo jugaba a su favor sólo la reducción drástica de emisiones de carbono que conllevan estas fórmulas de energía, y que su consumo y autoconsumo puede reducir a medio plazo la factura energética de los hogares; pero jugaba en su contra el coste de producción y las dificultades de almacenamiento. Pues bien, en estos momentos, su coste de producción es similar a otras formas de generación basadas en combustibles fósiles y se están produciendo avances sustanciales en el terreno del almacenamiento mediante baterías industriales e individuales.

Construcción eficiente. Es uno de los campos con mas capacidad de recorrido y desarrollo en el futuro y ha recibido el espaldarazo en estos días por la parte de la Unión Europea (UE) que acaba de confirmar que el programa de recuperación de la economía y los recursos que destinará ello, 1,6 billones de euros, se centrará en el impulso a las energías renovables y la construcción y reformas inmobiliarias con criterios de eficiencia energética; y la transformación digital.

Movilidad eléctrica. Es también una de las patas principales del plan de financiación para la recuperación de la UE, mediante el impulso del transporte limpio, basado en la electricidad y en la “jubilación” progresiva de los vehículos movidos por combustibles fósiles. Cabe pensar, además, que el sector del automóvil puede ser una de las locomotoras de la recuperación ya que la demanda de automóviles puede dispararse con el desconfinamiento y la apertura de la libertad de movimientos y viajes, a tenor de lo que se está observando en China, con un boom de las compras de coches a causa, según parece, del temor de los ciudadanos de aquel país a viajar en transporte público por considerar que es mayor el riesgo de contagio.

Nuevos hábitos de consumo. La economía futura requerirá de los ciudadanos un cambio hacia nuevos hábitos en el consumo, en el uso de la energía en el ámbito doméstico, en los vehículos y en todos los campos, pero también en los viajes, en el turismo y en las relaciones laborales y sociales. Es necesario convencer a todos que su comportamiento es un elemento vital para hacer una economía más sostenible y también más enriquecedora e inclusiva. El denominado “efecto Rosenfeld”, uno de los “profetas” de la eficiencia energética, es una prueba de ello, aplicado al estado de California donde la demanda de energía por ciudadano no crece desde 1973 mientras que en el resto de Estados Unidos ha aumentado un 50%. La razón, el alto grado de responsabilidad de los californianos a la hora de usar sin abusar de la energía.

Tratamiento de aguas y reciclaje de residuos. Son dos factores que vienen ganando peso como factores de sostenibilidad, a medida que se toma conciencia del deterioro de las aguas potables y de los océanos, debido a la actuación humana, especialmente por el vertido de residuos y plásticos, y al cambio climático y el calentamiento que provoca el deshielo de grandes masas árticas y glaciares, con la consiguiente elevación del nivel del mar que amenaza a un gran número de poblaciones costeras.

No pueden ser asuntos residuales o colaterales

Estas reformas y objetivos no pueden ser asuntos residuales o colaterales. Es necesario reclamar a los políticos que cumplan con lo que han prometido llevados por la presión de los ciudadanos y porque saben, y sabemos, que de lo contrario, el futuro será lo más parecido a una tortura, con catástrofes naturales, pandemias, inundaciones y éxodos de poblaciones,  aumento de los niveles del agua, desaparición de ciudades costeras, extinción de especies marinas y terrestres, etc.

No son los terrores del siglo XXI como alguien puede pensar, ni somos profetas de mal agüero. Los analistas más lúcidos lo vienen prediciendo, al igual que algunos habían predicho la llegada de una pandemia, y el coronavirus les ha dado la razón, a costa de un número insoportable de muertes, contagios y quebrantos en las economías y en la vida diaria (y futura, posiblemente) de los ciudadanos.

Acelerar los cambios y las reformas

Debemos aprovechar para acelerar los cambios y desarrollar los procesos, las infraestructuras y todo lo necesario para cumplir con los ODS y los Acuerdos de París y llegar a ellos antes incluso de lo previsto.

El papel del sector financiero es clave y hay ya algunas medidas que pueden ponerse en práctica de modo inmediato por parte de los poderes públicos. En primer lugar, una agenda volcada en la sostenibilidad y la financiación sostenible. En segundo lugar, los incentivos y primas que favorezcan especialmente a quienes más hagan por dedicar o canalizar recursos financieros hacia estas necesidades y estos proyectos. Y finalmente, añadiendo los riesgos climáticos y los criterios ESG al análisis de riesgos de empresas a la hora de realizar los ratings, y en las entidades financieras cuando se les apliquen los stress test.

Juan Carlos Villanueva es editor de Guía de la Financiación Empresarial y secretario general de OFISO.