En los últimos años, la financiación verde y sostenible ha cobrado un creciente protagonismo en el panorama empresarial global. Las pymes españolas no son ajenas a esta tendencia y muestran interés en acceder a productos financieros que integren criterios ambientales, sociales y de buen gobierno (ESG). Este interés responde tanto a una mayor concienciación sobre el impacto medioambiental de sus actividades como a la presión de los mercados y de la propia cadena de suministro, que cada vez exige mayores estándares de sostenibilidad.
El porcentaje de pymes españolas que ya han accedido a financiación verde o sostenible sigue siendo reducido
Sin embargo, pese a este interés, el porcentaje de pymes españolas que ya han accedido a financiación verde o sostenible sigue siendo reducido. Las últimas estimaciones de organismos como el Banco de España y el ICO apuntan a que solo entre un 10% y un 15% de las pymes han formalizado algún tipo de financiación ligada a objetivos sostenibles o climáticos. Este porcentaje contrasta con el grado de interés declarado, que se sitúa en torno al 40% según diversas encuestas sectoriales, lo que pone de manifiesto una brecha significativa entre la intención y la acción.
Ventajas pero tambien barreras de la financiación sostenible
Las pymes que sí han logrado acceder a esta financiación destacan ventajas como el acceso a tipos de interés más competitivos, el refuerzo de su imagen corporativa y el alineamiento con las demandas de clientes y proveedores. Además, en determinados casos, la financiación verde ha facilitado la ejecución de inversiones que de otro modo habrían resultado inviables, como la instalación de energías renovables o la mejora de la eficiencia energética de sus procesos.
Por el contrario, las pymes que aún no han accedido a este tipo de financiación señalan diversas barreras. Una de las principales es la complejidad de los requisitos exigidos por las entidades financieras para calificar un proyecto como verde o sostenible. Las pymes suelen carecer de los recursos técnicos y humanos necesarios para elaborar los informes y métricas que les permitan demostrar el impacto medioambiental positivo de sus inversiones.
Las dificultades son mayores entre las micropymes y las que están ubicadas fuera de los grandes núcleos urbanos por desconocimiento
Otra dificultad importante es el desconocimiento. A pesar del creciente interés, muchas pymes no están plenamente informadas sobre las opciones de financiación verde disponibles ni sobre las convocatorias públicas o subvenciones que podrían complementar dicha financiación. Esto es especialmente acusado en las micropymes y en las empresas ubicadas fuera de los grandes núcleos urbanos, donde el acceso a información y asesoramiento especializado es más limitado.
Cada banco tiene sus exigencias
La falta de estandarización en los criterios de sostenibilidad que aplican las entidades financieras añade un obstáculo adicional. Las pymes se encuentran con que cada banco o entidad define sus propias exigencias y métricas, lo que genera confusión y desincentiva la solicitud de estos productos. La ausencia de un marco común reconocido y fácilmente aplicable por las pequeñas empresas supone un freno para su generalización.
Por último, debe subrayarse que, aunque el entorno normativo europeo avanza en la creación de un marco más favorable —como la taxonomía verde de la UE y los fondos Next Generation—, su aterrizaje efectivo en el tejido de la pyme española todavía es limitado. Para cerrar esta brecha entre intención y acción, será necesario reforzar el acompañamiento técnico, simplificar los procedimientos y estandarizar los requisitos, de modo que la financiación verde y sostenible sea una opción real y accesible para un mayor número de pymes en nuestro país.











