En los últimos años, las estrategias ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) y los planes de sostenibilidad corporativa se han convertido en elementos fundamentales para el posicionamiento de empresas e instituciones. Sin embargo, a medida que las presiones económicas sobre los ciudadanos se intensifican, estas estrategias enfrentan un desafío creciente: no basta con comprometerse con el medio ambiente o con la diversidad; es indispensable abordar de forma directa el impacto de la subida constante de los precios en la calidad de vida de las personas.

La inflación persistente, el aumento de los costes energéticos y el encarecimiento de productos básicos han erosionado el poder adquisitivo de millones de ciudadanos en las grandes ciudades. Ante esta realidad, las iniciativas ESG corren el riesgo de quedar desconectadas de las preocupaciones cotidianas de la población si no incluyen en su perímetro de acción propuestas tangibles que contribuyan a aliviar estas tensiones. Las empresas y organizaciones deben ir más allá de los compromisos declarativos y asumir un papel activo en la búsqueda de soluciones a este problema.

No bastan los compromisos climáticos, es indispensable abordar la subida constante de los precios en la calidad de vida de las personas

Un ejemplo que ilustra esta necesidad lo encontramos en la reciente campaña del candidato demócrata Zohran Madani, que aspira a la alcaldía de la ciudad de Nueva York. Sus propuestas, centradas en medidas concretas para frenar el encarecimiento de la vida —como el control de alquileres, el impulso de la vivienda asequible y subsidios directos para alimentos y transporte—, han generado un respaldo popular notable. Este éxito demuestra que los ciudadanos valoran aquellas iniciativas que conectan directamente con su bienestar diario y sus necesidades más inmediatas.

Las estrategias ESG deben tomar nota de este tipo de experiencias y ampliar su enfoque. Por ejemplo, las empresas podrían diseñar programas que contribuyan a contener el precio de bienes esenciales o que faciliten el acceso a servicios básicos. Las políticas de sostenibilidad podrían integrar objetivos sociales vinculados al alivio de la presión económica, alineando los intereses corporativos con el bienestar colectivo de una manera mucho más visible y eficaz.

Será clave que las empresas refuercen sus procesos de escucha y diálogo con las comunidades donde operan

Para ello, será clave que las empresas refuercen sus procesos de escucha y diálogo con las comunidades donde operan. Solo así podrán identificar las prioridades reales de los ciudadanos y diseñar iniciativas con un impacto tangible. Este cambio de enfoque permitiría que los planes ESG no solo respondan a los retos medioambientales o de gobernanza, sino que se conviertan en una herramienta para mejorar la calidad de vida en un contexto de dificultades económicas.

Asimismo, esta evolución de las estrategias ESG podría generar un doble beneficio: por un lado, un mayor compromiso y confianza por parte de la sociedad; por otro, una contribución efectiva a la estabilidad económica y social de los entornos en los que las empresas desarrollan su actividad. En un momento en el que la ciudadanía demanda soluciones frente al encarecimiento de la vida, las corporaciones tienen la oportunidad de consolidar su papel como agentes de cambio positivo.

Atender los problemas reales y cotidianos de las personas

El éxito de las propuestas de Madani en Nueva York subraya que el camino hacia la legitimidad y el impacto de las estrategias de sostenibilidad pasa por atender los problemas reales y cotidianos de las personas. Incorporar el objetivo de mejorar la asequibilidad y el acceso a bienes y servicios básicos no debe ser visto como un añadido, sino como un componente central de cualquier política de responsabilidad corporativa moderna.

En definitiva, el reto está sobre la mesa: las estrategias ESG y de sostenibilidad tienen que transformarse para incluir en su agenda el combate contra el encarecimiento de la vida. Hacerlo no solo es un imperativo ético y social, sino también una vía para garantizar la relevancia y efectividad de estas políticas en un mundo cada vez más exigente y necesitado de respuestas concretas a los desafíos cotidianos.