El dólar ha iniciado un ciclo de debilidad que podría marcar los próximos años, según un informe del banco alemán de inversión Berenberg. La entidad prevé que, pese a unos tipos de interés elevados y estables en Estados Unidos, las políticas comerciales erráticas de Donald Trump, la erosión de la confianza institucional y el riesgo fiscal seguirán lastrando a la divisa estadounidense. Su previsión sitúa el tipo de cambio en 1,20 dólares por euro en 2026 y 1,22 en 2027, con riesgo incluso de que el dólar caiga temporalmente por debajo de 1,30 si se produjera una crisis fiscal.
Una divisa estadounidense más débil abarata importaciones y alivia la inflación, pero penaliza exportaciones y reduce beneficios de empresas con ingresos en EE. UU.
Para España, el escenario tiene luces y sombras. Por un lado, las exportaciones hacia el mercado estadounidense perderán competitividad, ya que un euro más fuerte encarece los productos españoles al otro lado del Atlántico. En cambio, las importaciones procedentes de Estados Unidos —como tecnología, maquinaria o energía— serán más baratas, un alivio para empresas industriales y consumidores. Sin embargo, en terceros mercados donde España compite con Estados Unidos, el dólar débil favorecerá a las compañías estadounidenses.
Un euro apreciado serviria para moderar la inflación
El impacto también se notará en los precios. Un euro apreciado abaratará las materias primas y productos denominados en dólares, como el petróleo o el gas, ayudando a moderar la inflación. En un contexto todavía sensible a la energía, esta es una buena noticia para la economía española y ofrece al Banco Central Europeo más margen para mantener una política monetaria acomodaticia, retrasando la normalización de los tipos de interés.
Malas noticias para el turismo
El turismo es otro sector que sentirá el efecto del cambio de divisa. Un euro más fuerte encarece España para los turistas estadounidenses, que podrían reducir su gasto o elegir otros destinos, aunque este segmento sigue teniendo un peso menor frente al turismo europeo. En paralelo, la caída de la rentabilidad de activos estadounidenses podría redirigir parte del capital internacional hacia Europa y, por extensión, hacia España, mejorando la financiación del Estado y de las empresas.
Menos beneficios para las empresas españolas que trabajen en Estados Unidos
Las multinacionales españolas con elevada exposición al dólar tendrán que adaptarse. Empresas con grandes ingresos en EE. UU., como algunas farmacéuticas, industriales y tecnológicas, verán reducirse sus beneficios al convertir las ganancias en dólares a euros. En cambio, aquellas con costes dolarizados, como energéticas o importadoras de materias primas, saldrán beneficiadas por el abaratamiento de sus insumos.
En definitiva, un dólar débil supone una oportunidad para abaratar costes y contener la inflación, pero también un reto para las exportaciones y las empresas con cuentas dolarizadas. España deberá reforzar su competitividad y diversificar mercados para capear un entorno cambiario menos favorable y depender menos de los vaivenes políticos y económicos de la primera economía mundial.











