La escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán vuelve a colocar a la economía global ante un importante foco de incertidumbre. Más allá de las implicaciones geopolíticas, el verdadero canal de transmisión para los mercados es el impacto sobre la energía, el comercio marítimo y las expectativas de inflación. A partir de estos factores pueden plantearse dos escenarios principales para la economía mundial, según una nota del banco de inversión alemán Berenberg.
Escenario 1: conflicto breve y reapertura rápida de Ormuz
El escenario más benigno parte de la hipótesis de que el estrecho de Ormuz —punto clave para el transporte mundial de petróleo— volvería a abrirse hacia finales de marzo. En este caso, el impacto sobre los precios energéticos sería temporal, provocando un repunte transitorio de la inflación que tendería a disiparse durante el verano.
Las consecuencias macroeconómicas serían relativamente limitadas:
- En la eurozona, la más expuesta a los shocks energéticos, el crecimiento del PIB en 2026 se reduciría apenas 0,2 puntos porcentuales, hasta el 1,1%.
- En Estados Unidos, el impacto sería más moderado, con una reducción de 0,1 puntos, situando el crecimiento en 2,0%.
- En el Reino Unido, el crecimiento también caería 0,1 puntos, hasta el 0,8%.
En este contexto, los bancos centrales apenas necesitarían modificar su estrategia. La inflación repuntaría temporalmente, pero sin comprometer la senda de normalización monetaria.
Además, existe un factor político relevante: Donald Trump ha demostrado en varias ocasiones que tiende a cambiar de estrategia cuando los mercados reaccionan negativamente o cuando la presión política aumenta. Ya ocurrió tras el anuncio de aranceles en el llamado “Día de la Liberación” y en otros episodios de política doméstica.
Por ello, no sería descartable que Trump busque declarar una “gran victoria” en pocas semanas y abrir la puerta a un alto el fuego negociado con Irán, especialmente si Estados Unidos e Israel consideran suficiente haber debilitado las capacidades militares, nucleares o de misiles balísticos iraníes. Este desenlace reforzaría el escenario de conflicto corto, que sigue siendo el escenario base para muchos analistas.
Escenario 2: conflicto prolongado y choque económico
El escenario adverso contempla que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado durante seis meses. En este caso, el shock energético sería mucho más severo y duradero.
Las implicaciones macroeconómicas serían significativamente mayores:
- La eurozona podría entrar en estanflación durante el segundo y tercer trimestre, combinando crecimiento débil con inflación elevada.
- Estados Unidos y el Reino Unido sufrirían una desaceleración más acusada acompañada de presiones inflacionistas persistentes.
En este contexto, los bancos centrales podrían verse obligados a endurecer o al menos frenar la relajación de sus políticas monetarias, lo que amplificaría el impacto económico incluso después del final del conflicto.
El factor clave: la reacción de Irán
El desenlace, sin embargo, no depende únicamente de Washington. Incluso con fuertes ataques militares, Irán conserva la capacidad de perturbar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz mediante drones, minas o pequeñas embarcaciones, lo que podría mantener la tensión durante meses.
Un cambio de régimen en Teherán parece poco probable mientras continúen los bombardeos. Por ello, el final del conflicto probablemente requeriría algún tipo de acuerdo con los líderes iraníes: desde un pacto implícito de desescalada hasta un acuerdo más explícito que incluya concesiones sobre el programa nuclear o de misiles a cambio del levantamiento de sanciones.
Irán afronta un fuerte desgaste militar y económico, pero la cuestión clave —y la más incierta para los mercados— es si los líderes iraníes estarán dispuestos a aceptar un final rápido de la guerra.












