Mirando al futuro

Sostenibilidad y Financiación Sostenible son sinónimos de futuro, al igual que los conceptos que utilizamos en su ámbito: objetivos, compromisos, impactos, riesgos, amenazas, etc.

Juan Carlos Villanueva, Secretario General de OFISO

Pues bien, miremos al futuro desde este 2025 que nos acerca a una de las metas volantes de los grandes objetivos de sostenibilidad y finanzas sostenibles: 2030.

¿Dónde estamos? Las evidencias respecto al cambio climático y sus consecuencias negativas son innegables y abrumadoras, en términos de catástrofes y episodios climáticos devastadores, con amenazas y riesgos para un creciente número de negocios, y ciudadanos. 2024 ha aportado un dato elocuente: por primera vez se han superado los 1,5º respecto a la era preindustrial.

Más aún, hemos conocido que, de seguir así, en un escenario de altas emisiones de CO2, la temperatura global a finales de siglo aumentaría 2,5º o incluso más, según lo estimado por IPCC, con olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, de consecuencias devastadoras para grandes regiones y núcleos de población e impactos económicos y sectoriales que provocarían una alteración de precios sin precedente, y hambrunas y carencias insospechadas.

Contra lo que podría pensarse a la vista de este sombrío panorama, existe una opinión ampliamente difundida de que la sostenibilidad y los factores ESG están perdiendo brillo en la actividad corporativa, e incluso que podrían constituir un cierto lastre para la competitividad y en materia de cumplimiento normativo, promoviendo titubeos y dudas en cuanto a los compromisos climáticos y de financiación sostenible.

No obstante, se consolida una demanda y una presión creciente por parte de ciudadanos y consumidores para proteger el futuro del planeta, la igualdad de derechos y, en general, la ética en los negocios, tal como reflejan numerosas encuestas hechas públicas también en 2024, para las que aproximadamente el 70% de los consumidores encuestados se inclinan por productos financieros y no financieros sostenibles.

¿Que requiere el futuro para dar respuesta a las verdaderas necesidades y demandas? En primer lugar, una regulación y unos requerimientos simplificados y estandarizados; fórmulas regulatorias equilibradas que actúen como factores incentivadores y no penalizadores. En esto sí parece que existe un claro consenso difícil de encontrar en otros ámbitos geopolíticos.

Es necesario, además, un impulso que llegue a los mercados de capitales y a los instrumentos verdes y sostenibles: bonos y acciones, ó préstamos bancarios; y que favorezcan también el desarrollo de otros instrumentos como las hipotecas verdes, la titulización verde, o las fórmulas alternativas de financiación con etiqueta sostenible.

Adicionalmente, es preciso extender el perímetro de la financiación sostenible a un mayor número de empresas, especialmente a las pymes, para que se financien con este tipo de instrumentos. Algunas vienen ya mostrando su deseo de hacerlo y beneficiarse así de las ventajas que se anuncian, especialmente a través de las cadenas de suministro para grandes compañías y, a sensu contrario, evitar las penalizaciones que podrían sufrir en el futuro aquellos que no lo hagan.

Finalmente, se requiere una “didáctica” de la sostenibilidad más allá de las declaraciones grandilocuentes, poner el foco en lo micro y, por tanto, explicar qué consecuencias tiene el cambio climático para cada ciudadano y, sobre todo, qué ventajas se obtiene de una actitud ecológica y sostenible, también en las finanzas, en términos de calidad de vida, menores riesgos y mejores condiciones laborales, sociales y personales.

(Publicado en el Informe Anual OFISO 2025)