Acabar con el crecimiento: ¿agoniza el capitalismo?

Juan Carlos Villanueva
Juan Carlos Villanueva

Cobra impulso una tesis de política económica que propone acabar con el crecimiento económico, también denominada decrecimiento. No son pocos los economistas que se apuntan a esta tesis, entre ellos diversos economistas y profesores del MIT (Massachussets Institute of Technology), de Harvard, así como algunos premios Nobel de economía.

El decrecimiento consiste en desbancar el crecimiento del PIB como objetivo número uno para convertirlo en un indicador más

En realidad, se trataría de desbancar el crecimiento del PIB como objetivo número uno de los países y de las economías mundiales para convertirlo en un indicador más, sin que tenga que condicionar principalmente el resto de indicadores. El fundamento de esta teoría es que la obsesión por el crecimiento del PIB ha llevado a una sociedad en la que las diferencias económicas, sociales y de renta son cada vez más acusadas y a unos sistemas públicos asistenciales cada vez más debilitados o, al menos, incapaces de prestar un servicio universal con unos estándares mínimos de calidad y cobertura.

La respuesta de una buena parte de los think tanks más reputados -en los casos que analizan la teoría del decrecimiento- está siendo desigual hacia esta tesis, con buen parte de ellos considerándola como una opción de izquierdas, económicamente poco eficiente y que atenta contra el libre mercado y las reglas principales del capitalismo.

¿Qué son los criterios ESG? ¿Atentan contra el libre mercado?

Sin embargo, ¿qué son los criterios ESG que se están imponiendo de forma acelerada, no sólo entre los pensadores más vanguardistas sino incluso entre los economistas más lúcidos, los medios de comunicación e incluso los líderes empresariales más avanzados?. La lucha contra el cambio climático, contra la desigualdad, la corrupción y el fraude económico y en el consumo, la mejora de las condiciones laborales o el logro de una economía circular son ya objetivos comúnmente aceptados en la mayoría de los países occidentales aunque el camino por recorrer es aún inmenso si se quiere llegar a cumplirlos en un plazo razonable.

¿Atentan contra el libre mercado estos objetivos? La respuesta es claramente no y no sólo eso; son objetivos ineludibles para llegar a una sociedad que conserve los valores logrados hasta ahora y se mantenga libre de cara al futuro, e incluso para que el sistema capitalista sobreviva aunque con algunas correcciones.

Los ideólogos del decrecimiento, entre los que destaca Jason Hickel, un antropólogo y economista americano, frecuente invitado en la London School of Economics, profesor titular en Goldsmiths, University of London y  asesor de la ONU y del Green New Deal para Europa y de la Comisión Harvard- Lancet, no han logrado aún que esta tesis llegue al debate real en el seno de los gobiernos y del ámbito empresarial y financiero, como pone de manifiesto un reciente artículo en la revista del MIT. Por ahora solo ha sido asumida por algunos movimientos de corte radical como Extinction rebellion, o el Movimiento Cinco Estrellas italiano, o la activista Greta Thunberg.

Aunque el decrecimiento adolece de numerosas lagunas la pandemia puede ser un caldo de cultivo para que sus tesis tomen cuerpo

Como señala el MIT es una tesis que adolece de numerosas lagunas y equívocos. Pero la actual situación de pandemia puede ser un caldo de cultivo extraordinario para que las tesis del decrecimiento tomen cuerpo, y, sobre todo, para que lo hagan aquellas ideas más sugerentes y asumibles por el común de los economistas, líderes de opinión e incluso por las instancias del poder económico y financiero.

Hacer de la necesidad virtud

Si nos vamos a enfrentar a un período de parón en el crecimiento económico quizá sea el momento para aprovechar y sacar todo lo positivo de esta circunstancia sobrevenida, hacer de la necesidad virtud.

Puede ser el momento para consolidar las iniciativas, proyectos y sectores para la lucha contra el cambio climático e impulsar su financiación; para reducir el stress en la actividad laboral, para avanzar hacia una reducción de las brechas salariales y todo tipo de brechas laborales o profesionales y sociales, mejorar la distribución y el reparto del empleo y, complementariamente, la asistencia al desempleo mediante fórmulas eficaces e imaginativas, mejorar las infraestructuras sanitarias y extender su cobertura… ¿Acaso estos objetivos sociales y humanos no lo son también económicos? ¿No son una forma de crecimiento social que complementa el crecimiento económico?

Acostumbrarnos a la falta de crecimiento y dejar de adorar el totem del crecimiento

Quizá ha llegado la hora de acostumbrarnos a la falta de crecimiento y que los gobiernos, los empresarios y las entidades financieras dejen de adorar el totem del crecimiento como único dios en la tierra.

Una “nueva normalidad económica”

Algunos signos de ello parecen comenzar a verse, como la mayor conciencia acerca de la responsabilidad social de la empresa, el creciente abandono de la estrategia del valor para el accionista como un fín en sí mismo, el regreso a una cierta mentalidad más largoplacista que la inmediatez de resultados que parecía la panacea en las décadas recientes, y una cierta vuelta a los orígenes, fundamentos y la razón de ser del sector y la actividad financiera y bancaria como soporte de la economía real, sin la cual no tendría sentido. Quizá sea ésta la “nueva normalidad económica”.

Juan Carlos Villanueva es Editor de Guía de la Financiación Empresarial