Tentaciones a rebufo del Brexit

Lideres europeos y empresarios británicos coinciden en la alarma

No es fácil saber si en los próximos años asistiremos a nuevas fugas en el seno de la Unión Europea (UE) a rebufo del Brexit, algo que genera no pocas incertidumbres en el resto de los países miembros.

Sin embargo, la salida de Gran Bretaña, que puede servir de “manual de instrucciones” para los países que puedan estar en esa tesitura, puede también servir como guía para corregir comportamientos o tapar alguna de las vías de agua que padece la Unión.

En primer lugar, debemos convencernos de que lo ocurrido es una demostración de que el sentimiento antieuropeo es una realidad, no un invento ni una simple excusa en boca de políticos nacionalistas o populistas. Lo es en Gran Bretaña como ha quedado demostrado, pero también en otros países que continúan siendo miembros.

En los países con tensiones “centrífugas” respecto de la UE existe un claro riesgo de partir en dos a la ciudadanía, que se formen dos bloques entre los ciudadanos de estos países, como ha ocurrido en Gran Bretaña. Los más radicales partidarios del “exit” suelen estar entre los de mayor edad y los habitantes de zonas rurales, industriales o poco desarrolladas, más refractarios a los cambios. Las capitales y zonas urbanas muestra mayor predisposición a permanecer en el seno de la UE.

Los partidarios del “exit” se concentran en zonas rurales o poco desarrolladas

El Brexit nos ha hecho perder mucho tiempo y energías a los restantes miembros y aún quedan muchas incógnitas por resolver en los próximos años, con el desarrollo de las negociaciones para concretar el proceso y el reverdecimiento del furor nacionalista en Escocia, partidario de permanecer en la Unión y que, sin duda, abrirá una nueva crisis de cara a un segundo referéndum.

Los argumentos del “exit”

Los partidarios del “exit” suelen tener toda una serie de puntos o argumentos en común, aunque procedan de ascendencias ideológicas distintas e incluso antagónicas. Estas son algunas de esas premisas.

Mayor cercanía de esos países a otros ejes geográficos o históricos que al europeo a secas. Ocurría con Gran Bretaña, más próxima a Estados Unidos por lengua y tradiciones o a otros puntos geográficos por razón de su historia y su trayectoria colonial.

Sentimiento y arraigo fuertemente nacionalista que impide aceptar la pérdida continua de soberanía que comporta la pertenencia a la Unión Europea. Las razones son de muy diversa índole: históricas, religiosas, de etnia u otra naturaleza. Buena parte de la opinión pública de estos países considera que la injerencia de las instituciones comunitarias en los asuntos internos supera los límites admisibles.

Desde otra posición, el rechazo del proceso de integración se manifiesta también en una parte de aquellos países que se sienten paganos de los excesos de otros o de los restantes socios. Es la traducción paneuropea del “España nos roba” que alientan algunos radicales independentistas en Cataluña.

Como toda federación o unión de territorios diversos siempre hay unos que aportan más y otros que reciben. Esta dialéctica suele tener siempre un límite en el tiempo ya que los más fuertes, los que tienen la sartén por el mango acaban por imponer condiciones a los más débiles, que se traduce, ó, al menos, se percibe, como una explotación y un abuso.

Por otra parte, las integración política y normativa en la UE está teniendo un mayor sesgo económico y financiero, y adolece de un déficit social lo que le presta un cariz elitista, agudizado durante la crisis por el esfuerzo realizado y las ayudas canalizadas en favor del sector bancario. En los últimos años ha calado en buena parte de los países miembros, especialmente, los más azotados por la crisis, un vago rechazo hacia la UE por el déficit de asistencia y sensibilidad social y ciudadana de la Unión.

Un déficit que también imputan muchos a la Unión Europea en términos geoestratégicos, a la hora de defender los intereses de Europa y sus integrantes en el concierto internacional, tanto desde el punto de vista político, como económico, social o en otros órdenes como el del cambio climático o la crisis de los refugiados. Una parálisis propia de una comunidad de burócratas, poco eficaces a la hora de hacer frente a las demandas reales de los ciudadanos y a los desafíos más importantes para éstos. Quizá puedan darse por buenos los conflictos y quebrantos que está acarreando el Brexit si hacen despertar a la UE y espolean al resto de los países miembros y a sus instituciones.