Las enseñanzas del coronavirus que no podemos dejar pasar

Juan Carlos Villanueva
Juan Carlos Villanueva

Las consecuencias humanas y sociales del coronavirus están siendo de gran crueldad para los ciudadanos pero también para la economía y la empresa a las que ha logrado poner de rodillas en un combate nunca visto hasta ahora. Sería un error imperdonable no aprender las enseñanzas que nos deja esta crisis que aún estamos viviendo.

La economía y la actividad empresarial han quedado heridas y casi agonizando, al menos temporalmente, con las medidas qué han debido tomarse para contener la epidemia del coronavirus y sus terribles consecuencias en la ciudadanía y en la sociedad en su conjunto. Este parón sobrevenido en buena parte de los sectores económicos tendrá claro impacto en el crecimiento económico global y en el de todos los países de forma individual, especialmente en el año 2020, aunque aún está por ver su volumen y su alcance. Lo que si está claro es que resulta ineludible extraer las enseñanzas que nos deja esta terrible crisis.

Sentar nuevas bases sobre las que reiniciar la vida social y económica

No podemos echar de nuevo a andar cuando la epidemia remita con los mismos esquemas del pasado, aunque el peligro existe dada la ceguera demostrada decenio tras decenio. No podemos rechazar la oportunidad que se nos ofrece de sentar nuevas bases sobre las que reiniciar la vida social y económica, construidas sobre consensos básicos, el primero de los cuales debe ser la responsabilidad global que hemos contraído de cara al futuro, el de nuestros hijos, nuestros mayores y nuestros conciudadanos, en cuanto a la aparición de nuevas epidemias y catástrofes. Sería imperdonable.

Nadie discutirá a partir de ahora la necesidad de dotar a nuestras infraestructuras sanitarias de los recursos que sean necesarios

Lo primero es reconocer qué ha sido un demoledor y formidable aviso en cuanto a los riesgos que nuestro planeta corre en el futuro. Esta catástrofe sanitaria venía siendo advertida por distintos analistas pero ha tenido que producir un enorme daño y miedo en términos de contagios y fallecimientos para que tomemos conciencia de la cercanía de este tipo de epidemias que pueden sucederse en el futuro. Nadie discutirá a partir de ahora la necesidad de dotar a nuestras infraestructuras sanitarias de los recursos económicos, materiales y de todo tipo que sean necesarios para que puedan afrontar con garantías futuras pandemias como la que venimos sufriendo.

El riesgo de nuevos episodios similares es real. Pero no solo en el ámbito sanitario sino también en el terreno medioambiental como consecuencia del daño y el impacto humano en la naturaleza, especialmente con la emisión de gases de efecto invernadero qué están induciendo un calentamiento del planeta qué puede traer consigo catástrofes naturales de similar e incluso mayor devastación que la crisis sanitaria en la que nos encontramos inmersos.

Dos enseñanzas fundamentales

Dos enseñanzas fundamentales nos deja esta crisis. La primera de ellas es la confirmación de algo que se ha repetido hasta la saciedad pero que ahora vemos confirmado en toda su crudeza: es mayor el coste de la inacción que el de la anticipación, en términos humanos, sociales y económicos.

Es mayor el coste de la inacción que el de la anticipación

Si lo trasladamos al terreno medioambiental, es urgente poner más medios de todo tipo, incluido los financieros, para frenar el calentamiento global, con objetivos incluso mas drásticos que los del Acuerdo de París y con horizontes temporales más exigentes. Cualquier esfuerzo en este terreno será menos costoso que el que pueda requerir una catástrofe sobrevenida por la inacción, como estamos comprobando dramáticamente en estas semanas.

Los gobiernos deben actuar de forma inmediata pero, sobre todo, coordinada y cooperativa

La segunda enseñanza obliga en el futuro a los gobiernos, las administraciones y los distintos centros de poder y de influencia a actuar de forma inmediata pero, sobre todo, coordinada y cooperativa. Esto exige un compromiso previo que es el de establecer protocolos y una regulación lo más global y estandarizada posible en cuanto a los riesgos a los que el planeta estará sometido en el futuro por la aparición de nuevas y pavorosas pandemias así como de catástrofes naturales de nuevo cuño.

Este compromiso también es extensible al sector privado de modo que las empresas conozcan los riesgos de esta naturaleza que les afectan y tomen medidas para minimizarlo y reducir las causas que los generan. Por su parte el sector financiero está obligado en el futuro a valorar estos riesgos rigurosamente en sus inversiones, en sus carteras y su actividad, monitorizarlos adecuadamente y primar a quienes con su estrategia contribuyen a sanear y proteger el medioambiente y la naturaleza, o penalizar a quienes muestren una conducta perjudicial para estos objetivos.

Juan Carlos Villanueva es secretario general del Observatorio Español de la Financiación Sostenible (OFISO)