El Banco Popular, “viralmente” arrollado

Juan Carlos Villanueva
Juan Carlos Villanueva

Juan Carlos Villanueva

Leía no hace mucho tiempo un artículo de Marta García Aller en El Independiente que me hizo reflexionar desde el titular, “por qué el PSOE puede acabar como Blackberry”, y el primer párrafo, “en solo cuatro años, lo que dura una legislatura, Blackberry pasó de ser el rey de los teléfonos móviles a una marca en decadencia. De controlar el 46% del mercado estadounidense de smartphones en 2008, se desplomó al 2% en 2012”.

Es cierto. El cambio en las pautas sociales, en los comportamientos de los ciudadanos y en los hábitos de los consumidores ya no se mide por generaciones ó por décadas. En tan sólo tres o cuatro años una empresa o institución totalmente consolidada, incluso líder en su ámbito, puede desmoronarse y llegar a desaparecer debido a esos cambios de comportamiento de los clientes. A ello se añade el potencial arrollador de las redes sociales para difundir todo tipo de habladurías, rumores o medias verdades.

El problema es que se trata de un período de tiempo tan corto que los interesados llegan a no darse cuenta, a no percatarse del deterioro que sufren y, sobre todo, tan acelerado que no permite la reacción. Cuando quieren reaccionar, están muertos.

Ha ocurrido con Blackberry como describe magníficamente el artículo citado, con Nokia, y podría ocurrir con muchas instituciones. Pueden añadirse más ejemplos: la firma de moda Blanco; ó Spanair, Japan Airlines ó American Airlines, en el campo de las compañías aéreas; y podrían citarse otros casos señalados. Ocurrió en el ámbito político también con UCD, que pasó de gobernar el país a obtener menos de diez escaños en el Parlamento, y, sin llegar a situaciones tan dramáticas, muchos de los partidos políticos en Europa viven hoy en una auténtica montaña rusa, elección tras elección, que les está llevando a la irrelevancia política.

El caso Banco Popular muestra la viralidad y la difusión explosiva a la que viajan las informaciones y rumores

En el terreno de las finanzas, específicamente, los cambios son también constantes: regulatorios, de coyuntura, nuevas herramientas técnicas y de información, nuevos sistemas alternativos de financiación, nuevas tareas estratégicas asignadas a la dirección financiera y un largo etcétera. Y además, la viralidad y velocidad a la que viajan los rumores y medias verdades.

Sin querer pecar de oportunismo, lo acontecido en el Banco Popular es un exponente más de la rapidez con la que hoy se suceden los cambios, de la viralidad y la difusión explosiva a la que viajan las informaciones, máxime cuando son negativas o marcan puntos críticos de inflexión.  Hace apenas una semana se aseguraba que el Popular sobreviviría y el debate general se limitaba a señalar las distintas opciones que el banco tenía para resolver sus problemas. En apenas dos o tres días se precipitaron toda una serie de actuaciones y decisiones que han llevado a muchos a hablar de expropiación. De la noche a la mañana los activos del banco no valen nada. El Popular, arrollado.

Al margen de las reservas que este proceso pueda infundir en muchos, es una muestra clara del modo en que se expanden hoy las crisis, los rumores o las contingencias y los riesgos de demolición que conllevan estos seísmos económicos o sociales.

Instalados en el cambio

Ocurre también en el campo profesional. Las habilidades, la preparación y el background de todos los profesionales han cambiado sustancialmente, de forma que un directivo de hace varias décadas sentado hoy en el despacho de un CFO estaría más perdido que un camello en la Antártida.

Pero, como decíamos, los cambios no se miden por décadas, estamos instalados en ellos. La tecnología, las redes sociales y las nuevas aplicaciones abren mes a mes un creciente abanico de posibilidades a los consumidores en el modo de informarse, los gustos y las modas, el sistema de compra, ó el modo de financiar estas compras. Todo ello, sin ningún asomo de fidelidad a una empresa. Se cambia de marca sin previo aviso, sin piedad. Si los directivos no están atentos pueden sufrir las consecuencias de forma cruel.

Es necesario que los actuales directivos estén atentos a los cambios en los gustos, las modas, los valores o antivalores y las pautas de los consumidores para cambiar rápidamente el rumbo y seguir esas tendencias, como si de una bandada de estorninos se tratara.

Nadie está a salvo. El cambio ya no es sólo algo nuevo a gestionar, viajamos con él. Y si no lo hacemos a la misma velocidad, acabará por arrollarnos.

Juan Carlos Villanueva es Editor de la Guía de la FINANCIACIÓN EMPRESARIAL