Crecen los malos augurios para el euro a medio plazo

No son pocos los agitadores de la teoría de la muerte próxima del euro, entre ellos, algunos economistas y analistas expertos como Josep Stiglitz o Jim Mellon, ese inversor británico al que comparan con Warren Buffet y que aseguran que predijo la crisis reciente y ahora pone el foco en la defunción del euro.

La razón esgrimida por Mellon se centra, fundamentalmente, en los problemas que arrastran dos países, Francia e Italia, a quienes niegan toda posibilidad de redención económica debido a su incapacidad para afrontar las reformas estructurales que harían posible el saneamiento de sus estructuras económicas.

Lo cierto es que la Unión Europea y la zona euro se enfrentan a grandes retos internos que ensombrecen sus perspectivas y las posibilidades de alcanzar un estatus sólido y sostenible en el futuro.

Entre estos retos se encuentran los equilibrios de poder entre los países que lideran (y podría decirse que gobiernan) la UE y los restantes miembros, las diferencias notables ente algunos países en términos de capacidad tecnológica y de crecimiento, la falta de una arquitectura institucional auténticamente democrática y representativa de los ciudadanos de la Unión, las reticencias de muchos de sus miembros a la hora de aplicar la normativa y la regulación de índole supranacional, la excesiva dependencia del euro del Banco Central Europeo, sin que pueda contarse con una auténtica política económica y fiscal conjunta.

Incluso quienes apuestan por las posibilidades de éxito del proyecto europeo y de la Unión Monetaria son conscientes de ello y podrían añadir aún un buen número de desafíos reales añadidos. Pero, todos ellos superables con voluntad política y esfuerzo.

Por todo ello, para los seguidores del pesimismo en este terreno, la Unión Europea se despeña sin remedio hacia su desaparición. Más aún, algunos acontecimientos como el Brexit o el fracaso del referéndum italiano del pasado cuatro de diciembre no son sino los primeros signos del desmembramiento futuro.

El final de la moneda única

Quienes así piensan anticipan el final de la moneda única en los próximos años, no más de cinco, después de perder la paridad con el dólar, algo que podría producirse en 2017; y un declive, por no decir desastre, de los bonos soberanos de la región, especialmente los italianos. En ese entorno de declive, los gobiernos europeos se mostrarán incapaces de asumir decisiones valientes que pudieran enderezar la situación y se limitarán, como ha ocurrido con los casos de Grecia ó Irlanda, a solicitar el rescate de las economías más dañadas, aunque aseguren que nunca ocurrirá.